Etiqueta: Mi nueva ciudad

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Hacer comunidad al emigrar

A Vancouver llegué en 2013, justo después de la muerte de aquel señor. Había pedido divisas a Cadivi para hacer una maestría y aunque todavía no tenía aprobación, el 28 de agosto viajé con las típicas dos maletas y 3.150 dólares canadienses, (unos 3.000 dólares de Estados Unidos). Tenía una reservación en un hostal y […]

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Todo bien, pero ¿dónde está el sol?

“A donde fueres haz lo que vieres”. Esa fue la máxima con la que llegamos en 2014 a vivir a Londres. El primero que la acogió fue mi hijo, que me preguntó un día: “Mami, ¿por qué no me pusiste Jack o John?”. Su nombre —pobre— es Matías, es decir, algo como “Mataias”. Así que […]

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Una todera en medio del mar

Yo no tenía la intención de ser una migrante.  Vivía tranquila, participaba en marchas y concentraciones, trabajaba en radio, producía y grababa cuñas, conducía mi programa, cantaba, salía a tomar café con amigos, hacía cenas o almuerzos —con lo que se conseguía— con otros amigos. De vez en cuando, un viernes, íbamos al Buenos Aires, […]

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El ruido de la libertad

En Santo Domingo, a veces no es posible escuchar ni lo que pienso. Pero otras veces, tengo todo el silencio que deseo. El mar que la delimita también logra contener todas las paradojas de esta ciudad. Santo Domingo nació en la esquina donde convergen la desembocadura del río Ozama con el Mar Caribe. Allí se […]

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Sigue rara, por favor

Esta mañana en Portland había lluvia y muchas nubes, algo muy común en Oregón y en la región del Pacific Northwest de Estados Unidos. Aunque las precipitaciones no alcanzan el volumen que pueden tener en una ciudad tropical como Caracas, en Portland llueve en promedio 164 días al año. De hecho, es imposible diferenciar la […]

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Cuando la Fontana di Trevi se volvió invisible

Nunca pensé que Roma sería la ciudad en la que me habría dejado robar por primera vez. Recién llegada, en 2006, mientras estaba despistada y feliz en un autobús, repleto de turistas en peregrinaje hacia el Vaticano. Tenía mi cartera colgada al hombro y observaba hipnotizada la infinita belleza que ofrecen las calles romanas todos […]