El año que cambiamos para siempre, pero más

Nos pasa cada año, pero sabemos muy bien que no tanto y no así. Estos meses quedarán marcados por el desgarramiento de nuestra ilusión política y por la pandemia. Pero estas grandes mentes venezolanas también ven oportunidades

En 2020 se consolida una tendencia que comienza en 2019: los venezolanos no tenemos ni gobierno ni Estado, hay que vivir como podamos sin contar con una gota de petróleo

Foto: Composición por Sofía Jaimes Barreto

Vivimos algo inédito: una misma catástrofe que nos golpea a todos los venezolanos, estemos donde estemos, sea cual sea nuestra posición, de una u otra forma. Al país devastado, que vio esfumarse el sueño de la reconstrucción, se le vino encima una pandemia. Todo eso es verdad. Pero en tiempos muy oscuros empiezan gestaciones nuevas y eso los vuelve “interesantes”, como dice la maldición china. La mala noticia (otra) es que muchos de nosotros solo alcanzaremos a ver más de lo mismo. 

Aquí recojo lo que piensan algunos venezolanos de lo que ha pasado en estos dos semestres, los que lleva en la web Cinco8. Trabajan en campos muy distintos y los reúne en esta página mi interés en sus publicaciones o en sus trabajos. La intención es que veamos un poco mejor dónde estamos ahora, qué pasa más allá de lo evidente, qué podemos hacer para seguir. Porque no queda otra, hay que seguir.

Se acabó el petroestado

Para el sociólogo Edgardo Lander lo fundamental es que el modelo del Estado petrolero y proveedor es ya imposible y la gente lo sabe, así que ahora intenta resolver como puede y a su modo. Estamos frente a dos transiciones: la que tendría que conducir a la recuperación de la política y de la Constitución, sistemáticamente violada por los extremos de la presente confrontación, como base de un acuerdo nacional; y la que tendría que llevarnos a una sociedad posrentista, posextractivista. Pero lo que tenemos es un Arco Minero que supera cualquier mal que hayamos conocido de la economía de extracción, y el abandono de la política justo cuando la mayoría ha comprendido que la otra parte —la que no le gusta— no va a desaparecer y quisiera salidas negociadas.

La confianza en migajas

La socióloga Paula Vásquez Lezama dice que a las fracturas viejas se añaden las nuevas y un quiebre de la confianza es cada vez más profundo, ya no solo respecto a las instituciones; ahora es microsocial, intrafamiliar y hasta interpersonal. Pero defenderse, protegerse y mitigar la epidemia depende, básicamente, de la confianza. La nuestra está en migajas. Ve ella oportunidades, sin embargo: surge la consciencia de los límites del petroestado en medio de un debate sobre la necesidad de sustituir la energía fósil, y la consciencia sobre los vínculos del hambre con nuestra limitación para producir alimentos lleva a algunos grupos sociales a producir sin subsidios. El sistema de corrupción que se vincula a una manera de importar y de alimentar es un claro fracaso y es obvio que la agroecología no puede desecharse por razones ideológicas. Le preocupa sobremanera la aparición de una derecha extrema que busca exterminar toda propuesta que implique preocupación por lo colectivo o lo social solo porque le recuerda a un estereotipo de chavismo.

El mundo ya no puede negar lo que nos pasa

De los datos que me da Feliciano Reyna, se desprende que el mundo ya no puede negar lo que pasa en Venezuela. La Alta Comisionada de DDHH de la ONU lo documenta e informa. La Comisión Interamericana de DDHH desarrolló el Mecanismo de Seguimiento a la situación de derechos humanos y la Corte Penal Internacional podría muy pronto señalar a individuos responsables. Aunque el coronavirus ha servido para continuar con las prácticas represivas y profundiza la precariedad generada por cuatro años de emergencia humanitaria, Feliciano cree que la incapacidad para responder del gobierno podría ser una oportunidad de llegar a acuerdos que permitan un incremento considerable de la ayuda humanitaria internacional y encaucen el conflicto político.  

Llegamos a una inercia autoritaria

Para el politólogo Guillermo Tell Aveledo este año llegamos a una suerte de inercia autoritaria: el EstadoPSUV avanza sin un cambio de táctica en los sectores políticos y sociales para resistirlo. Pero en este inmovilismo, Occidente sigue claro en el carácter inaceptable del autoritarismo del EstadoPSUV. Esta crisis ha debido iniciar un debate serio y largamente postergado sobre la vigencia de la ruta de 2019. Estamos en una situación similar, aunque agravada, a la de 2005, con una profundización autoritaria, pero sin un escenario electoral o de movilización interna que motive. Hay quienes apuestan a que la crisis viral imponga un cambio, pero no es probable; es una de las tantas amenazas existenciales sobre los venezolanos. Los partidos y la sociedad deben volver a converger en el propósito de promover el cambio, que puede tomar más tiempo del que aspirábamos. Siguen claros los valores democráticos que inspiran a esos partidos y también a una mayoría de los venezolanos, pero debemos actuar dentro del país.

La diáspora enriquecerá a la sociedad venezolana

Según el filósofo y antropólogo Alejandro Reig es una buena noticia la creciente integración de muchísimas personas de la diáspora —de distintas edades, clases y formaciones— en actividades y trabajos productivos en las sociedades de acogida. Esto contradice el equívoco elitista según el cual la migración venezolana es “más preparada, más educada, más emprendedora (que otras)”; hay migrantes venezolanos de todas las clases sociales y formaciones, y el hecho de que sean casi siempre emprendedores y adaptables es un denominador común de todas las comunidades diaspóricas. Y pese a lo dramático y desgarrador de la circunstancia que nos ha empujado, a través de distintos canales y de distintas maneras, a ser masivamente protagonistas de procesos que veíamos antes como espectadores, esto tendrá con suerte a mediano plazo un efecto enriquecedor sobre la nueva cultura y sociedad venezolanas, que se verá configurada entre los que se fueron, los que se quedaron, el contacto trasnacional entre los dos contingentes, y los que regresarán. 

Que la destrucción de la Amazonia genere una alianza

Para el biólogo Alejandro Álvarez Iragorry, la crisis ambiental venezolana tiende a difuminarse de la discusión pública y desapareció del discurso y la acción gubernamental. Pero crece el rechazo por la destrucción de la minería (que ni los propios funcionarios o partidarios del gobierno pueden negar) y hay cada vez más un importante interés internacional, como muestran los dos últimos informes publicados por Michelle Bachelet, así como trabajos periodísticos y eventos de discusión. Por eso se puede conseguir asistencia internacional para proyectos específicos de protección ambiental, gestión de la biodiversidad, ordenamiento territorial, economía basada en el uso sostenible de la biodiversidad y gestión de la contaminación generada por el uso del mercurio. Es muy importante también crear proyectos de asistencia a las comunidades indígenas afectadas. Aún hay un capital humano de gran formación profesional y compromiso con el país y los actores políticos deberían tomar conciencia de que somos un país megadiverso. Se debe alcanzar un gran acuerdo nacional por la sostenibilidad ambiental y oír a la ciencia. La sociedad civil debe impulsarlo. 

No hay educación sin maestros 

El director de Fe y Alegría, Manuel Aristorena, subraya que hemos perdido la rutina escolar y eso es grave, pero las renuncias de maestros son lo más terrible: puede haber clases con cualquier carencia, pero no sin maestros. Se han cerrado escuelas por falta de docentes, recursos y alumnos. Los más vulnerables tienen menos acceso a la educación a distancia. Pero en los últimos años se han estrechado alianzas entre los que educan. Hay más intercambio entre asociaciones de planteles privados no afiliados a la AVEC. Hay universidades, como la UCAB —Caracas y Guayana– que dan facilidades para jóvenes que quieran estudiar Educación. Los educadores de planteles públicos y subsidiados se esfuerzan por perseverar. Buscan otro trabajo para aumentar sus ingresos, pero sin dejar las aulas. Van a dar clases caminando por falta de transporte o de efectivo para el pasaje. Despliegan su creatividad para enfrentar la educación a distancia, sin herramientas tecnológicas ni los equipos necesarios. Es admirable todo lo que nuestros maestros han hecho para atender a sus alumnos, para no perder los lazos afectivos. Y aunque no tengamos datos, sabemos que también las familias han buscado acompañar a sus hijos en las tareas escolares. La escuela en la radio se transmite a diario por las 23 emisoras de Radio Fe y Alegría, y Sin salón acompaña a los estudiantes de educación semipresencial, a los docentes de los Institutos Universitarios y de los Centros de Capacitación Laboral, con materiales y programas de radio. 

Sigue la ciencia y cambia de género

La ecóloga María Eugenia Grillet considera un logro que aún haya gente haciendo ciencia en el país. En 2019 el Premio Polar lo ganaron cuatro investigadores que viven en Venezuela y trabajan en Biomedicina y Matemática. Grillet es una de ellos. Otro de los premiados tiene solo 45 años y ha pasado diez formando a un grupo de investigadores en Lara, aún más jóvenes que él. Además, la ciencia ha mostrado un cambio de género: en 2019, la Academia de Ciencias Físicas Matemáticas y Naturales publicó un libro con los testimonios de cuarenta científicas que siguen hoy en el país trabajando y dando clases. Los investigadores se han dedicado a “pensar fuera de la caja” para que sus objetivos de investigación sean posibles en esta Venezuela. Así han podido seguir respondiendo preguntas científicas y produciendo conocimiento. Han fortalecido alianzas estratégicas de investigación fuera del país. Las temporadas en instituciones en el extranjero les permiten seguir trabajando. Con las alianzas acceden a fondos de investigación que fortalecen sus laboratorios en Venezuela, sin depender de fuentes nacionales. Un país no avanza sin desarrollo científico, tecnológico e innovación. Cualquier político, sea del bando que sea, debe entender esto. Y la inversión en ciencia no solo debe estar a cargo del Estado, sino de entes privados nacionales e internacionales.

Forzar la cuarentena con represión es como controlar precios

Para el economista Ronald Balza Guanipa, usar ahorros e innovar ha permitido a algunos iniciar nuevos negocios. Todas las transformaciones que está causando la pandemia ocurren bajo una amenaza de muerte, pero algo positivo ha sido, paradójicamente, la sacudida: en el mundo entero se ha tenido que reconocer la importancia de la inversión en la investigación científica y en la salud, y que las limitaciones del acceso de la población a servicios médicos y medicinas dependen sobre todo de los administradores de los recursos y de la organización de las sociedades. En Venezuela, sin embargo, aunque hubo tiempo para organizar recursos, prepararse para atender a los sanos y a los enfermos, no se hizo nada. Se requería, sobre todo, difundir información, adaptar centros de salud y proteger al personal de salud y de mantenimiento. Las medidas punitivas para forzar a cumplir la cuarentena pueden terminar por complicar más la situación, tanto como antes lo hicieron los controles de precios y de cambios, y con resultados similares.

La cultura como pivote de resistencia

La escritora Ana Teresa Torres destaca la tenacidad de la gente que continúa produciendo hechos culturales, a pesar de las dificultades. La conexión de internet es la peor de América Latina y se transmite teatro, cine, cursos, conferencias, recitales. Precisamente en el desastre, la diáspora, y con tantas deficiencias, pareciera que la sociedad venezolana ha comprendido el valor de sostener la cultura como pivote de resistencia y de reserva moral. Por ello, aunque todos entendemos nuestra responsabilidad y conocemos nuestra capacidad y nuestros límites, es importante que las instituciones privadas renueven su confianza en las acciones culturales y, en la medida de lo posible, las apoyen. Muchos ya lo hacen.

La arepa a la vanguardia

Afirma el comunicólogo Manuel Silva Ferrer que el evento más trascendente para la cultura venezolana este último año ha sido el cierre de DirecTV, que dejó sin televisión internacional –y sin fuentes confiables de información audiovisual– a casi la mitad de la audiencia de televisión por suscripción. Pero frente al deseo incontenible gubernamental de arrasar con todo lo que no entienden o no pueden controlar o comprar, ve una cultura de resistencia que con enormes dificultades intenta seguir adelante dentro y fuera de los límites de nuestra nación, y el apoyo a la cultura venezolana del sector privado, un acto de fe que se ha convertido en una gesta casi espiritual, y además internacional, por la extensión de la migración venezolana. Da para un libro completo, dice, pero solo menciona un fenómeno relevante: la aparición de una gastronomía venezolana a escala global, a cuya vanguardia está la arepa.

El arte sigue ahí 

Los artistas y galeristas Melina Fernández y Luis Romero ven como buena noticia que espacios como ABRA, el que ellos dirigen, hayan cumplido su programación en Caracas. El año pasado inauguraron trece exposiciones y participaron en cuatro ferias internacionales. También otras galerías hicieron grandes esfuerzos para ofrecer una programación de calidad y coherente. Carmen Araujo Arte hasta se atrevió a abrir un segundo espacio. Al artista yanomami Sheroanawe Hakihiiwe, que ellos representan, lo llevaron a tres ferias de arte: Arco en Madrid, Arteba en Buenos Aires y Artissima en Torino. En Arco, Hakihiiwe ganó el premio Illy Sustentable Art y en Artissima, el premio Premio Refresh Irinox. Su obra ha sido adquirida por importantes instituciones, como el British Museum en Londres, que lo incluyó en su exhibición permanente, y por la colección Patricia Phelps de Cisneros. Sin embargo, piensan que hacen falta más proyectos de escala pequeña pero de calidad en el país, como El Bloque en Mérida, de María Niño y Fabio Rincones, o PortaEspacios, de Raúl Rodríguez. Iniciativas que generen cohesión y sentimientos de pertenencia y proyectos educativos alternativos. Todos los actores del sistema del arte deben asumir responsabilidades y compromisos: artistas, coleccionistas, investigadores, educadores. El arte no es solo exhibir y vender obras. 

Apostar a microprocesos que generen autonomía

El comunicador y activista urbano Cheo Carvajal dice que en Caracas se erigen cascarones vacíos para resguardar el capital de una minoría opulenta; como los bodegones, expresión desfachatada, normalizante, de una brecha social cada vez más profunda. En un país de repetidos apagones, sigue encendida una lluvia de luces navideñas sobre un segmento del Guaire en Las Mercedes aún en julio. Pero en la dualidad contradictoria entre ese paisaje y la vida social, hay procesos emergentes en la economía y la organización social. Aparecen bodegas modestas y pequeños negocios, y una “red de manantiales urbanos”: locales donde venden agua corriente. La persistente y ya no tan silenciosa articulación ciudadana construye redes que ayudan a sobrellevar la situación.  Se acercan organizaciones que antes estaban en aceras opuestas para enfrentar en voz alta desvaríos como el Arco Minero del Orinoco, pero también los operativos de mano dura de las FAES, los ataques al patrimonio cultural, la precarización laboral, la deforestación urbana. Aparte de esos ejercicios de conexión ciudadana, la pandemia y crisis de la gasolina estimulan en Caracas y otras ciudades el uso de la bicicleta. Lamentablemente el Estado, en ninguno de sus ámbitos, hace nada para aupar esta novedad, entre otras cosas porque sus burócratas se mueven en caravanas de camionetas y nunca en bicicleta. Hay que apostar a microprocesos para generar autonomía. Pensar colectivamente y actuar desde lo cercano. Mapear recursos y necesidades. Detectar problemas y oportunidades. Restaurar procesos de descentralización que se esfumaron en el momento en que la política se hizo sinónimo de seguir fielmente una bandera… u otra. Dos polos que no nos han brindado los triunfos que prometían, entre otras cosas porque no son viables. Pensar, como nunca antes, el lugar de la política en nuestra vida cotidiana, pero no como mensaje monopolizado desde una tribuna, sino como acción propia, como construcción de acuerdos para convivir, desde abajo, desde adentro.

No somos pobres en búsquedas interiores

La psicoanalista María del Carmen Miguez dice que en este último año ha sido relevante la discusión sobre la psicoterapia y el psicoanálisis online. Por la diáspora, los conflictos y las dificultades para movilizarse, los terapeutas venezolanos trabajan así desde bastante antes de la pandemia, y han acumulado una experiencia importante que no tienen terapeutas de otros países, flexibilidad y capacidad de adaptación ante esta situación donde el cuerpo aparece fragmentado y en una pantalla. Destaca también que en el país busca ayuda terapéutica no solo la clase media alta. Seremos mucho más pobres en cuanto al dinero, pero no en búsqueda interna. Un amplio sector de clase media, muchas veces empobrecido, tiene claro que los cambios requieren analizar asuntos personales. También hay una creciente necesidad de apoyo emocional que demandan sectores humildes, aunque apunta a otro tipo de abordaje: comunitarios y grupales. Hemos vivido una catástrofe nacional e inevitablemente esta realidad dispara en la gente la necesidad de revisarse. La ayuda terapéutica es también ese punto donde lo interno y lo externo buscan articularse. Los pacientes en Venezuela, como en el mundo, traen a consulta sus conflictos y sufrimientos en el campo del amor-deseo-sexualidad. O sus angustias ligadas al área de las aspiraciones y la identidad. El contexto es un telón de fondo que puede afectar, pero el mundo interno de las personas, afortunadamente, tiene cierta independencia. Su recomendación: interrogar(se), manejar la incertidumbre, abrazar el conflicto y la diferencia.

El peso de la vivencia 

Carlos Ortiz, mi consultor filosófico de confianza, cree que muchos cambiaron el foco de sus angustias este último año. El miedo concreto a la posibilidad de que la muerte entre y se instale en su casa, forzó a las personas a fijarse de un modo más consciente en su hogar, en sus relaciones afectivas, de las que “otras” urgencias las habían distraído. Tal vez estemos donde siempre, pero en el corazón de quien sufre, o goza, la vivencia tiene más peso que lo abstracto o el afuera. La gente se ha vuelto “más consciente de” o “más sensible ante” los graves problemas ecológicos o el valor del trabajo de millones personas asalariadas que viven sumidas en el foso de la pirámide social. Duda de que eso vaya a tener impacto político, pero por algo se empieza. Ojalá la gente aprenda a cuidarse más, dice, a hacerse cargo de sí misma. Para eso tiene que reconectarse con su propio ser y con sus afectos, lo cual ayuda a lidiar sanamente con el dolor y la angustia, que no son las únicas emociones significativas, ni las más importantes.