Caracas se hartó de la política

Esa ciudad que vio cientos de miles de personas marchar una y otra vez, que vio cientos de muertos en protestas, hoy no sabe si votar o no en las elecciones locales del 21 de noviembre. Y no parece importarle

miranda
La competencia entre Uzcátegui y Ocariz por la candidatura opositora para el estado más poblado de Venezuela solo beneficia a Héctor Rodríguez

Foto: Composición de Sofía Jaimes Barreto

La gente se aglomera ante las puertas del vagón. El tren, parado en una estación desde hace más de una hora, no tiene aire acondicionado; hace años que el Metro de Caracas no es cómodo ni seguro. De acuerdo con testimonios de algunos trabajadores, menos de doce trenes funcionan en la línea uno, la que menos problemas tiene.

En el vagón, algunos se limpian la frente con las manos. Otros se quitan el tapabocas y exhalan como ahogados. Un hombre mayor busca una discusión para pasar el rato. 

—Esta vaina no la arregla nadie, lo que hicieron fue robarse la plata de los venezolanos. Por eso no pienso salir a votar en las elecciones esas. Qué va…

De inmediato, un hombre más joven le responde:

—El peor error que cometió la oposición fue no salir a votar. Yo creo en el voto, porque fíjese… Ahí está (Juan Pablo) Guanipa, que le regaló la gobernación del Zulia al gobierno por no presentarse ante la Constituyente. En cambio, en Táchira la gobernadora está mandando.

—Pero es que igual no vamos a ganar. Si ganan, le ponen un… un… ¿Cómo es que lo llaman?

Su contrincante tampoco se acuerda y yo decido intervenir:

—Un protector.

—Exacto, mijo, gracias: un protector. La última elección creíble fue la de la Asamblea Nacional. De ahí ellos no nos dejaron ganar más –replica mientras se acomoda el tapabocas que, al hablar, le deja descubierta la nariz.

—Yo sí voy a votar y no por Carlos Ocariz, ese ya está quemado. Voy a votar por el otro, ¿Uzcátegui es que se llama? El que es de Baruta.

—Ahí tienes razón, Ocariz es un bate quebrao. Es más, todita esa gente lo es. ¡Hasta Guaidó mismo! Ese se robó ese poco de millones de la ayuda humanitaria —dice el señor mayor. 

Nadie menciona a Carmen Meléndez, la militar retirada y exgobernadora de Lara que el chavismo quiere como alcaldesa del mayor municipio caraqueño. Ni a Roberto Patiño, el joven líder de Alimenta la Solidaridad que debió declinar su candidatura por Libertador a favor del zuliano Tomás Guanipa. Tampoco hablan de Antonio Ecarri, que se ha lanzado varias veces para esa Alcaldía.


Aparte de los dos polemistas, las únicas voces que se escuchan son las de los vendedores de caramelos y la del operador que cada cierto tiempo interviene por una bocina para prometer que pronto reanudarán movimiento.

—Yo vivo en la Cota 905 —dice una señora con blusa de animal print—. Desde hace quince días no tenemos agua. ¿Tú piensas que (Tomás) Guanipa se preocupa por eso? Hace sus visitas, toca puertas, pero hasta ahí. Y dice que resolverá el tema del Metro. Ponte a creer.

—Pero bueno, ya pues, dejen la habladera de política que fastidian y hace calor aquí adentro —protesta otro señor mayor. Lleva una gorra roja que no dice nada.

—Ponte unos tapones, entonces. Si te duele que hablemos mal de Maduro bájate y agarra un taxi. Aquí cada quien opina lo que le da la gana y punto.

Lo que importa es el agua

Las elecciones regionales del 21 de noviembre generan pocas expectativas. En Caracas hay desconocimiento sobre los candidatos y sus propuestas. Persiste una gran desconexión entre los dirigentes y un electorado dividido entre los que desconfían del proceso y los totalmente desinteresados.

Los desacuerdos entre Carlos Ocariz y David Uzcátegui han contribuido con eso. Y aunque aparentemente llegaron a un consenso hace unos días, con el retiro de la candidatura de Ocariz a la gobernación de Miranda mucha gente se siente manipulada. Una de las voceras de Primero Justicia en Petare, que prefiere el anonimato, se retiró de la campaña:

“Entregábamos volantes todos los días a favor de Ocariz y nos ganamos unos cuantos problemas con el Consejo Comunal para que ahora vengan y nos digan que decidieron apoyar a Uzcátegui. Las cosas no son así, ya estamos bien viejos para la gracia”.

Ella tiene 63 años y aunque pasó de las filas de Copei a las de Primero Justicia, su compromiso con los partidos parece tener límites bien claros.

Quienes creen que su voto puede incidir en la realidad que los golpea día a día son verdaderamente pocos. La mayoría está preocupada por resolver sus gastos diarios, aunque la dolarización no oficial nos ha dado un respiro. Muchos dejaron de creer en las elecciones como solución a la crisis. Confían en el trabajo individual para superarla.

Sin embargo, el Estado y las instituciones tienen responsabilidades y en eso está clara Maritza, vecina del barrio José Félix Ribas en Petare, donde la falta de agua sustituyó a la inseguridad como problema principal. “Tenemos más de 15 días sin agua. Estamos hartos. No sé los demás, pero no voy a votar por nadie. Ni Chola, ni Ocariz, ni Uzcátegui, que andan por ahí buscando votos”.

Tiene 64 años y artritis avanzada. No puede cargar agua por los más de 115 escalones que debe subir hasta su casa. Sus hijos trabajan y ella cuida a sus nietos. Aparte de la falta de agua, debe lidiar con el gas y la bolsa de comida que le entrega el Consejo Comunal esporádicamente. 

La solución al problema del agua solo figura en las propuestas de un candidato, las de Andrés Schloeter, o como todo el mundo le llama en Petare: “Chola”, quien suma más de una década trabajando en la localidad y conoce de primera mano sus padecimientos. Él mismo ha subido una y otra vez las escaleras de la casa de Maritza, pero ahora la campaña electoral le exige presencia en otros lados y no se puede centrar nada más en José Félix Ribas. Hay zonas más afectadas, como La Dolorita o Caucagüita, donde el chavismo siempre triunfa. Él se ha planteado ganarle en esta elección: “Es una cosa insólita, porque es donde más pobreza e injusticias hay. Pero para esta elección viene un gran voto castigo, un voto que José Vicente no tiene bajo el radar. Cada vez que yo hablo con esas personas me encuentro con que quieren un cambio porque no se sienten representadas”.

Andrés Schloeter, «Chola», no pasó estos años haciendo lobby ante Washington o Moscú, sino trabajando con la comunidad en Petare

Foto: Campaña de Andrés Schloeter

Mientras los pendones de Uzcátegui llenan José Félix Ribas, el chavismo brilla por su ausencia. Aunque es uno de los sectores populares más grandes del país, Petare ha sido un bastión de la oposición por años. Desde tiempos de Enrique Mendoza, quien fue el primer alcalde del municipio y gobernador del estado Miranda. En la actualidad, según dicen algunas voceras de Primero Justicia en el sector, gobierna el alcalde chavista José Vicente Rangel Ávalos gracias a la abstención del casi 60 por ciento en las elecciones de 2017: según el CNE, solo votaron 197.738 de las 486.130 personas inscritas en el registro electoral para el municipio.

Lo mismo parece avizorarse para el 21 de noviembre si los problemas del agua continúan.

Igual que Maritza, otros vecinos, conscientes del desapego de la dirigencia opositora y del Gobierno con sus problemas, se niegan a participar en un proceso al que ni siquiera entienden cómo llegaron.

“Primero no querían que votáramos, ahora sí. Yo no voy a votar, eso no va a resolver nada. Esa gente viene buscando votos mientras se bañan bien cómodos en su casa. Qué vida tan miserable la del pobre”, expresa un señor en la avenida principal del barrio, a la altura de la zona ocho. Espera desde la mañana un camión cisterna que le prometió el Consejo Comunal. Detrás de él hay una fila de gente. Todos tienen grandes pipotes azules y tobos de diferentes colores. La cisterna, que llega al caer la noche, no soluciona sus problemas. Ahora debe resolver cómo subirlo hasta su casa. Algunos pagan hasta 20 dólares para que les carguen el agua.

“Habilitar tomas de agua y desarrollar un plan de perforación y construcción de pozos de agua potable, legales y ordenados”, rezan las primeras cinco líneas de las tres áreas prioritarias que promete atender Chola, el único candidato que ha publicado sus propuestas para la Alcaldía de Sucre. Sus contrincantes, Rangel Ávalos por el PSUV y Rosiris Toro por Fuerza Vecinal, se han limitado solamente a repetir las propuestas de sus respectivos candidatos a la Gobernación. El primero otorga ayudas de materiales de construcción y comida; mientras que la segunda promete “pozos de agua profundos para que llegue agua por tubería a nuestra comunidad las 24 horas”.

Para ninguno de los dos el agua figura entre los problemas principales que desean atender. Ya a los habitantes de Petare ni siquiera les da vergüenza decir que en ocasiones asisten al trabajo sin bañarse. 

Ruido en Los Palos Grandes 

Mirna, la hija de Maritza, explica que, aparte de cocinar, guarda tobitos para lavarse los dientes, la cara y las axilas. No puede darse el lujo de faltar. De su faena depende su grupo familiar. Trabaja en un restaurante de comida rápida en Chacao norte, cerca de la Cota Mil. Prefiere reservarse el nombre del local, porque los dueños también se han visto involucrados en problemas con los vecinos, quienes se quejan constantemente por los comercios en las urbanizaciones. Los gerentes siempre apelan a los permisos otorgados por la Alcaldía de Chacao.

Bajo la administración de Gustavo Duque, en Chacao proliferan los comercios y locales nocturnos en las zonas residenciales. “Aquí muchos locales dicen ‘Tenemos valet parking’, y claro, entonces puedes ver el montón de carros estacionados frente a mi casa”, denuncia Nieves, quien vive en Los Palos Grandes desde niña y asegura que nunca había pasado algo similar.

“Siempre respetaban las zonas residenciales. Los Palos Grandes era de las mejores zonas y ahorita hay comercios y actividades nocturnas todos los días”. 

Cuando finalmente salgo del Metro, en Chacaíto, está lloviendo. Me dirijo a Las Mercedes pero todas sus avenidas están inundadas. En Baruta y El Hatillo las calles parecen ríos. El caudal sobre la autopista Prados del Este parece el del Guaire. Pero los actuales alcaldes no hablan de eso. Ni los aspirantes a reemplazarlos. Esa es la parte más privilegiada de la ciudad, y el desapego con las elecciones pareciera ser mayor, pese a que también sufre problemas como los constantes cortes eléctricos.

Mientras escampa, entro a uno de esos nuevos locales de Las Mercedes que todo el mundo dice son de los “enchufados”. Al sentarme, noto que la mesa es una gran rebanada de un tronco de árbol. La corteza de los bordes está intacta gracias a algún sellador transparente.

No puedo dejar de preguntarme, con el primer sorbo de café, si vendrá de la tala de árboles indiscriminada en todos los municipios de Caracas que tanto se denuncia en Twitter. ¿Será esta tajada de madera la de uno de esos viejos ficus y samanes caraqueños? 

Sin poder llegar a mi destino, decido tomar una camioneta hasta mi casa. Pero están todas llenas y prefiero caminar. Entre nubes y edificios se vislumbra el Ávila. La majestuosidad frente al desorden urbano. Ahí vuelvo a hacerme otra pregunta: ¿existe realmente alguien con suficiente energía para administrar este caos? La verdad no lo creo. Y en el fondo la gente está muy clara en eso.

Caracas es una bestia que nos devora vivos y no hay quien la dome.

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