Termozulia, el tesoro inútil

Zulia tiene cuatro grandes centrales térmicas, capaces de suministrarle el 76 % de su energía. Pero ninguna funciona. ¿Por qué? Corrupción y mala gestión

Demoras y sobreprecio, nuevas plantas sin terminar. Igual que con las hidroeléctricas.

Foto: Inelectra

Es muy fácil darse cuenta de que Termozulia, el emplazamiento más avanzado de máquinas de generación eléctrica del occidente venezolano, no compensa el déficit de energía proveniente del Guri: cuando hay una falla grave en cualquiera de las líneas principales de transmisión del Sistema Interconectado Nacional (SIN), Maracaibo se queda sin luz. 

Fue lo que pasó el 7 de marzo, en el primero de los apagones nacionales que se sucedieron en un solo mes; no quedaron dudas de que la electricidad en la ciudad depende de modo casi absoluto de lo que llega desde marzo del Complejo Hidroeléctrico Simón Bolívar, en Guayana: apenas 400 megavatios según Omar Prieto, el gobernador impuesto por el chavismo. Menos de la cuarta parte de lo que el estado necesita.  

Ese día, el millón y medio de habitantes de Maracaibo no recibió ni un solo megavatio de las nueve turbinas de Termozulia I, II, III y IV, ni las otras 13 de la vieja planta Rafael Urdaneta. Todas sus unidades estaban fuera de servicio durante el blackout y siguen así, pese a que el Estado ha invertido aproximadamente 2.000 millones de dólares en 17 años de una construcción que aún no concluye, y que según la Asamblea Nacional ha habido un sobreprecio de al menos 752 millones de dólares.

A 20 kilómetros al sur de Maracaibo, dentro del Complejo Termoeléctrico General Rafael Urdaneta, Termozulia tiene cuatro plantas que funcionan a gas y gasoil en ciclos combinados con vapor. Si funcionara a tope generaría hasta 1.370 megavatios, pero aún así cubriría no más que el 76 % de la demanda actual de potencia eléctrica de la región.

Cae la demanda pero crece el déficit

El tamaño de la potencia eléctrica de un territorio puede ser, también, un signo de prosperidad o de ruina. Lo segundo parece estar más cerca de la verdad en el caso de Zulia. José Aguilar, consultor internacional en generación de energía eléctrica, estima que si Venezuela hubiera seguido progresando, Zulia necesitaría hoy cerca de 5.000 megavatios. Pero en su estado actual de desarrollo, de acuerdo con el académico de la Universidad del Zulia, José Espina, el Estado funciona con 1.800 megavatios. Hasta 2014, la demanda regional era de unos 2.000 megavatios, pero se redujo por la desaceleración de la producción petrolera y petroquímica y la parálisis de la industria metalmecánica. La emigración también debe haber incidido. 

Sin embargo, en contraste con lo que dicen los expertos en energía, Prieto sostiene que al Zulia le bastan 1.600 megavatios, pero que “se están solicitando al menos 300 megavatios más”. Lo cierto es que el déficit de potencia eléctrica ha crecido en Zulia desde 2009 y hoy alcanza los 700 megavatios: lo que le falta al suministro aportado por el SIN para cubrir el mermado consumo regional. 

Antes del gran apagón, el SIN cubría el 61 % de la demanda eléctrica del Zulia, con 3,5 millones de personas. Maracaibo solo disponía de 1.100 megavatios cuando el sistema funcionaba con relativa “normalidad”. Eso explica por qué, desde hace 10 años, Maracaibo y otras poblaciones zulianas padecen apagones constantes, fluctuaciones repentinas del servicio eléctrico y largos períodos de racionamiento. Todo en medio de desinformación e incertidumbre. 

La emergencia que se hizo crónica

Que el Zulia no tenga toda la electricidad que necesita también es producto de otro factor crítico: la pérdida sostenida de generación propia. El parque térmico localizado al sur de Maracaibo, en la costa oriental y al sur del lago, dejó de proveer la energía que pudo haber completado el suministro del Guri.

Aparte de las instalaciones termoeléctricas que sirven preferentemente a la industria petrolera, como las de Bajo Grande y Las Morochas, Zulia cuenta con 45 unidades turbogeneradoras distribuidas en siete plantas operadas por Corpoelec. De ellas, un total de 39 estaban fuera de servicio en abril de 2018, según informó Aguilar. 

El conjunto de todas esas instalaciones, que incluye Termozulia, tiene un potencial de producción de 2.900 megavatios, lo que liberaría a la región de su dependencia creciente del Guri, en el otro extremo del país. Pero hace un año solo generaban 395 megavatios, y como el mismo Prieto admitió tras el segundo apagón nacional del 25 de marzo, en el presente ese parque térmico zuliano apenas genera 60 megavatios. Las viejas plantas, como la Ramón Laguna y la Arreaga, superaron su vida útil hace años y están completamente apagadas.  

Hace tres años, el Colegio de Ingenieros del Estado Zulia denunció que la paralización de las termoeléctricas se debía no solo a que las nuevas plantas nunca se han terminado, sino a la insuficiencia de gas para las operaciones de los sistemas de ciclo combinado, pese a que el Complejo Rafael Urdaneta está a solo dos kilómetros de la refinería de Bajo Grande, la mayor proveedora de gas licuado de Pdvsa en la costa occidental del lago.

Mientras tanto, Maracaibo se somete al llamado Plan de Administración de Carga, que para manejar esos 400 megavatios que llegan del Guri apenas garantiza cuatro horas de servicio eléctrico por día a cada circuito de distribución de Corpoelec. Omar Prieto repite su promesa de recuperar la capacidad generadora de Termozulia y de Ramón Laguna. 

Pero la ciudad está condenada. 

Esta crónica se publicó originalmente en Caracas Chronicles